Claves para entender cómo se elige al Presidente de EEUU

El próximo martes 7 de noviembre se votará el nuevo presidente de EEUU. Llegar a ser presidente de EEUU es una carrera de fondo y tiene muchas pruebas por el camino. Ya han pasado las primarias y los caucus que han derivado en las convenciones de los partidos. De ellas salieron designados Trump y Clinton como candidatos (con opciones, haber hay alguno más) que han luchado durante una larga campaña electoral. Después de un largo camino de más de un año, ahora los ciudadanos estadounidenses tienen en su mano elegir quién será el próximo presidente de los EEUU, pero el sistema americano tiene varias peculiaridades que es necesario entender para poder seguir bien lo que pase en esta votación.

En primer lugar, EEUU tiene un sistema presidencialista, es decir, el presidente es elegido independientemente del Congreso y del Senado. En España elegimos un parlamento que se encarga de legislar y de elegir al presidente, pero en EEUU estas funciones están separadas, hay una elección para el presidente y otras para el congreso y el senado. No obstante, los norteamericanos tampoco eligen directamente al presidente, la elección es indirecta: eligen un colegio electoral que elegirá al presidente.

Sí, efectivamente, es como si crearan un parlamento cuya única misión es elegir presidente. Este “parlamento” llamado Colegio Electoral, está formado actualmente por 538 electores y un candidato, para salir elegido necesita al menos la mitad mas uno de los votos. Los 538 electores son elegidos en los diferentes estados. De estos 538 electores a cada estado le tocan 2 y los demás quedan repartidos según la población. Para las próximas elecciones quedan repartidos de la siguiente forma:

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En segundo lugar, uno de los puntos más importantes para entender el sistema estadounidense es que en cada estado, el candidato que más votos obtiene se lleva todos los electores. Sí, se lleva todos los electores del estado, aunque haya ganado por un voto. Solamente hay dos excepciones: Maine y Nebrasca, que los reparten un poco más.

Por esta particularidad, los estados indecisos son muy importantes en la recta final de la campaña. Por ejemplo, Florida que reparte 29 electores o Pensilvania con 20 electores son de los estados grandes que están más reñidos, por lo que una victoria en el último momento supone un gran cambio en el resultado. El siguiente gráfico de FiveThirtyEight muestra muy bien qué estados son los más reñidos y qué peso tienen:

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Una de las consecuencias de este sistema es que no tiene por qué salir presidente el candidato más votado. Un candidato podría ganar en estados clave y sin ser el más votado salir presidente. La última vez que esto sucedió fue en el año 2000: Bush perdió en votos frente a Al Gore (50.456.002 contra 50.999.897 votos), pero obtuvo la victoria gracias a obtener 271 votos electorales frente a los 266 del candidato demócrata. No obstante, para esta ocasión y según el modelo de FiveThirtyEight, que esto ocurra esta vez tienen una probabilidad del 12%.

Por último, aunque es un caso muy improbable, ¿qué pasa si se empata o si ninguno consigue los 270 votos? En ese caso entraría el Congreso a decidir entre los dos candidatos y si no se consiguiera, el problema pasaría al senado que elegiría entre los candidatos a Vicepresidente. Este proceso está explicado en detalle por María Ramírez en Univisión Noticias, pero son muy pocas las veces en las que se ha dado esta situación, lo normal es que la misma noche electoral se sepa quién ha ganado (aunque no sea definitivo hasta la votación del colegio electoral).

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